
CARTA A UN AMIGO
Estimado Carlos:
No comparto tu parecer con respecto a la música de Pink Floyd ni tu aparente desdén por todo lo que no sean manifestaciones artísticas de origen hispano, o, en tu caso específico, indígena. Es decir, está bien que disfrutes de la música vernacular, criolla, autóctona o nativa —y todos los adjetivos que quieras añadirle—, pero pienso que eso no debe significar necesariamente dejar de lado el rock o cualquier otra muestra de arte foráneo.
Me da la impresión de que no conoces bien el arte de Roger Waters (recuérdalo, es ROGER WATERS —no "Walters" o "Rogers"—, y es inglés —no estadounidense, como decías en tu extrañamente desaparecido post anterior—), y por eso mismo opino que no eres la persona indicada para dar a entender que sus admiradores hacen largas colas por él y no por artistas oriundos. Son dos cosas muy distintas, pero a la vez similares, amigo.
Sé de colas incluso más largas, muy comunes los fines de semana en Lima, cuando se reúnen los provincianos —y sus hijos, y sus nietos— para oír los huaynos de moda y los grupos de música chicha del momento. Y muchos de los que acuden a este tipo de presentaciones también hacen lo posible por acudir a conciertos de rock, eso me consta.
Por ello, mostrarnos de manera tendenciosa como gente triste que hace lo imposible por ver a un músico anglosajón, pero no a uno peruano (no lo decías textualmente en tu post anterior, pero lo sugerías) me parece de verdad deplorable. Sería interesante que volvieras a colocar ese post, decías tanto en él con tan pocas palabras, que casi me hubiera evitado escribir todo este largo comentario.
Tu post de hoy, el que comento a partir de estas líneas, es una buena muestra de tu visión sesgada de las cosas. Y te lo digo con todo respeto, amigo. Si no empiezas por conocer bien lo que vas a criticar, me parece que no lo deberías juzgar ni intentar hacer quedar mal a quienes no estén de acuerdo contigo. Y esto se siente a pesar de (o quizá también debido a) las postizas reflexiones acerca de los gustos y aficiones personales que intentas encajar en este post.
Otra cosa: nunca me pediste permiso para publicar la foto que pusiste en tu desvanecido post, aquel que llevaba como leyenda una mala traducción de las últimas frases de la primera parte de mi crónica. Tampoco has intentado siquiera escribirme antes de colocar la que ahora ilustra "Roger Waters? No Thanks, Peruvian Music in Miami".
En fin. Me despido agradeciendo de todos modos tu opinión con respecto a las dos partes de mi crónica (de una manera u otra, me sirves de caja de resonancia), y recordándote que nuestro país es uno lleno de contradicciones: puede tener el estadio más moderno de Sudamérica, pero exhibir sus instalaciones como la entrada a un campo de concentración; puede estar lleno de gente de color cobrizo, pómulos salientes y español masticado, pero ser gobernado por una minoría blanca relativamente culta; o puede tener la música más triste y hermosa (la ayacuchana), como la más alegre y vibrante (la criolla). Ese es mi Perú... y el tuyo también.
Mariano Orosco Zumarán
Nota: Este texto apareció en forma de comentario en el blog de Carlos Quiroz, también conocido como Peruanista, en marzo del 2007.