lunes, diciembre 21, 2009


CUESTIÓN DE TIEMPO


Luego de devorar 2666 (no encuentro un verbo más apropiado), y de iniciar la relectura de Los detectives salvajes, ya no me queda duda de que siempre recordaré al 2009 como el año en que por fin fui consciente de la magnitud de la obra narrativa de Roberto Bolaño.

El año que acaba también tuve mi primera aproximación a la obra de Haruki Murakami. Definitivamente, en Tokio Blues. Norwegian Wood y Crónica del pájaro que da cuerda al mundo hallé más de lo que esperaba. Y tres libros más del autor japonés esperan su turno en mi biblioteca.

Pero son las novelas del chileno, empapadas de poesía y repletas de sucesos literarios en el más amplio sentido de la palabra, las que, estoy seguro, volveré a leer cada cierto tiempo, como quien vuelve con la memoria al momento o lugar en que fue realmente feliz.

Bolaño, que llevó una vida trashumante y salpicada de penurias económicas, supo entender que la escritura, como cualquier otra disciplina artística, requiere de la más plena dedicación, pero sobre todo de perseverancia. Ya consagrado, con varios libros publicados y una creciente lista de premios a cuestas, declaraba:

"No existe trabajo que no haya hecho. He cargado barcos, he sido camarero, recepcionista, basurero, guardia nocturno de un camping, hasta mayordomo. Todo para ser hoy un escritor disciplinado, convencido de que lo más importante para escribir es tener paciencia, mucha paciencia".

El 2009 dejó para mí algún que otro recuerdo grato, pero ninguno tan sentido como el de la lectura de las mejores novelas de Bolaño, dos libros que tardaron décadas en tomar forma, pero que no hubieran sido posibles sin que transcurriera todo ese tiempo y que el autor viviera lo que vivió. Todo tiene su principio y su final.

Este año llega a su fin, pero las lecturas se (re)inician en todo momento. Luego de Los detectives salvajes pasaré a Amuleto, Llamadas telefónicas, Putas asesinas, El gaucho insufrible, Estrella distante, Amberes, Una novelita lumpen, La pista de hielo y Entre paréntesis. Las relecturas serán sólo cuestión de tiempo.

Por ahora, leamos por primera, segunda o tercera vez lo que Fabrice Gabriel —de la revista francesa Les Inrockuptibles— escribió sobre Bolaño a raíz de su fallecimiento, en un texto titulado "Un hermano ha muerto". Donde sea que se encuentre, Roberto debe estar sonriendo:

"Largo tiempo hemos vivido sin saber que existía un chileno perfecto para nosotros: barroco pero breve, erudito sin ser pedante, trágicamente metafísico y auténticamente bromista, loco por la poesía pero dotado de una eficacia narrativa sin falla alguna... Una especie de fenómeno entre Woody Allen y Lautréamont, Tarantino y Borges, un autor que conseguía que su lector se convirtiera en un frenético proselitista. Bolaño no amaba el pathos superfluo ni los discursos grandilocuentes. El único homenaje será leerlo de ahora en adelante y reírnos todavía con él".

sábado, octubre 10, 2009


EL HUMO DE LA TRAGEDIA


«—Debo admitir —dijo el Oso, con una voz de hielo— que, ciertamente, siempre he visto a la muerte como una tragedia.
—Y estabas equivocado —dijo Paul—. Un accidente ferroviario es terrible para alguien que estaba en el tren o tenía un hijo en él. Pero en las noticias del día la muerte significa lo mismo que en las novelas de Agatha Christie, quien justamente fue el más grande mago de todos los tiempos porque supo convertir la muerte en entretenimiento, y no sólo una muerte, sino docenas de ellas, cientos de muertes, una cadena de muertes llevadas a cabo para regocijo nuestro en el campo de exterminio de sus novelas. Auschwitz ha sido olvidado, pero, desde el crematorio de las novelas de Agatha, el humo siempre se eleva hacia el cielo, y sólo una persona muy ingenua podría sostener que ese es el humo de la tragedia
».

Milan Kundera, La inmortalidad.


Hallado en el blog de Jonathan Rosenbaum. Traducción de Mariano Orosco Zumarán.

sábado, septiembre 12, 2009


UN DESTELLO BLANCO

“A veces, sin embargo, la soledad me punzaba el corazón. El agua que bebía, incluso el aire que respiraba, venían cargados de largas agujas de punta afilada. Las esquinas de las páginas del libro que sostenía en la mano me amenazaban con un destello blanco, como filos de una navaja de afeitar. A las cuatro de la madrugada, cuando todo estaba en silencio, podía oír cómo crecían las raíces de mi soledad”.

Haruki Murakami, Crónica del pájaro que da cuerda al mundo.

domingo, agosto 23, 2009

EXPOSICIÓN "RIBEYRO: LA PALABRA ELOCUENTE"










Como siempre, hay más fotos en mi página de Facebook.

miércoles, julio 08, 2009


ENRIQUE CONGRAINS MARTIN
(1932-2009)

Debo a la lectura del mejor libro de John Irving, El mundo según Garp, el hecho de que ahora me encuentre escribiendo estas líneas. Fue esa formidable novela —que narra las peripecias de un huérfano de padre que se aboca a describir el mundo en textos cargados de tanta ironía y humor como realismo y dolor— lo que terminó de convencerme de que la decisión que había tomado poco antes era la correcta: me trasladaría a la escuela de Literatura (había ingresado a Psicología en San Marcos) a como diera lugar.


Por supuesto, entonces no sabía que, unos siete años después, terminaría abandonando las aulas sanmarquinas, desencantado no tanto de su sistema de enseñanza como de sus mediocres y/o aburridos profesores. Había descubierto que mi idea de culminar la carrera de Literatura, y ser tal vez crítico o profesor, no tenía el menor asidero en la realidad del San Marcos de fines de los años 80 e inicios de los 90. Como dicen (al menos para mis propósitos), estuve “en el momento equivocado en el lugar equivocado”.


Cuando ya me encontraba prácticamente fuera de la universidad, y la necesidad de conseguir un empleo se hacía cada vez más imperiosa, llegó a mis manos un aviso clasificado: solicitaban gente especializada en Humanidades para un proyecto editorial. Poco sospechaba al escribir mi carta de presentación (a mano, como indicaba el aviso) que sólo unos días después conocería a uno de los escritores peruanos más famosos, representante de la legendaria generación del 50 y, a la postre, editor.


En la estrecha oficina de San Isidro en que me recibió para entrevistarme, Enrique Congrains Martin —tan alto y calvo como cortés y expeditivo— me hizo unas cuantas preguntas ante las cuales hice evidente mi nerviosismo (era mi primer contacto con el mundo editorial y no me esperaba que mi probable jefe fuera una figura tan reconocida). Sin embargo, bastaron sólo unos minutos para que Congrains me hiciera empleado suyo. Pasaría mucho tiempo antes de que me diera cuenta de qué lo había hecho tomar esa decisión.


Ayer, cuando me enteré de su muerte en Bolivia, pensé en todo lo que acabo de describir. Y recordé su imponente presencia, su habilidad para los negocios, su firme creencia en que ningún conocimiento está más allá de nuestro alcance, y su afán por legar al mundo el primer diccionario multitemático contenido en un solo volumen, uno que presentara los temas más diversos (algunos nunca antes editados como diccionarios) de la manera más clara y amena. Desgraciadamente, el “Multidic” jamás llegó a las librerías.


El periodo en que trabajé para Enrique Congrains fue esencial para el desarrollo de mi vocación literaria. Si John Irving me había convencido de que era posible ser feliz escribiendo, y tal vez vivir de ello, fue Congrains quien, sin saberlo, me dio el espaldarazo final: él era la prueba viviente de que uno podía salir adelante siguiendo sus sueños, y llegar a una edad en la que muchos se jubilan haciendo realidad empresas que otros podrían considerar descabelladas.


Así, para bien o para mal, el año en que laboré para el autor de Lima, hora cero fue el de mi salida definitiva de San Marcos. Fueron diez rápidos meses, suficientes para estar seguro de que mi destino estaba en cualquier lugar menos en las aulas de su escuela de Literatura. Suficientes también para creer que lo que acabo de señalar fue lo que impulsó a Congrains a contratarme: la hoja escrita a mano que leyó antes de llamarme detallaba mi creciente desapego por la educación que se impartía en nuestra universidad más antigua.


Tal vez el escritor vio en mí a un alma afín, uno de aquellos seres descreídos de la educación
formal”, que prefieren mirar al mundo agazapados detrás de un buen libro o una oscura película. O quizá tuviera algo que ver en su decisión el nervioso trazo de mis palabras en mi carta de presentación (Congrains, entre tantas otras cosas, conocía mucho de Grafología). No sé. De lo único que estoy seguro en este momento es de que con su deceso se ha ido una etapa importante de mi vida.

Nos ha dejado el empresario más audaz que alguna vez tuviera el mundo de las letras peruanas. Se ha ido el autor de textos fundacionales para la literatura nacional. Ha muerto un gran escritor. Pero para mí ha fallecido un impensado mentor. Por ello, bien podemos decir que con la partida del creador de
“El niño de junto al cielo” y Kikuyo se han producido no una, sino muchas muertes, cada una más desoladora que la otra.

Sigamos haciendo lo que nos gusta, lo que llame nuestra atención o despierte nuestra curiosidad. No dejemos de escribir, pintar o dirigir. Terminemos por fin ese proyecto que alguna vez creímos irrealizable. Continuemos buscando y encontrando nuestros sueños. Mientras tanto, descanse en paz, Enrique Congrains Martin.

lunes, abril 27, 2009

SUMA Y SIGUE

















Hay más imágenes ajenas en mi último álbum de Facebook.


ROBAR PARA SER UNO MISMO

«Nada es original. Roba de cualquier lugar que te llene de inspiración o alimente tu imaginación. Devora películas antiguas, films nuevos, música, libros, pinturas, fotografías, poemas, sueños, conversaciones al azar, arquitectura, puentes, señales de tránsito, árboles, nubes, masas de agua, luces y sombras.

Elige robar sólo cosas que hablen directamente a tu alma. Si haces esto, tu obra (y robo) serán auténticos.

La autenticidad es invaluable; la originalidad, inexistente. Y no te molestes en ocultar tu robo, celébralo si hace falta. En cualquier caso, siempre recuerda lo que dijo Jean-Luc Godard: "No es de dónde tomas las cosas, sino hacia dónde las llevas"».

Jim Jarmusch

Traducción de Mariano Orosco Zumarán

lunes, abril 06, 2009

PETER GABRIEL EN LIMA
(20-03-2009)










Más imágenes —como siempre, sin ningún retoque— en mis páginas de Facebook, Picasa, Flickr y hi5.