jueves, agosto 24, 2006


LO DEMÁS ES LO DE MENOS

Ya lo conocía. Bueno, no exactamente. Sabía de él por alguna revista de cine o de música, pero por fin pude ver su rostro en forma de caricatura en una parodia del Hollywood más comercial de la revista MAD. En ella, Roger Ebert, un gordito bonachón, devoraba cantidades industriales de popcorn mientras apreciaba una función continuada al lado de Gene Siskel, su pareja en el programa de cine más visto de la televisión norteamericana, Siskel and Ebert at the movies.

Verlo (y oírlo) en carne y hueso fue otra cosa. Y esto recién sucedió en 1996, cuando por fin accedí a un servicio de cable que por entonces todavía retransmitía las señales de ABC, CBS y NBC, las principales televisoras de la tierra del Tío Sam. Uno de estos canales (ya no recuerdo cuál) contaba en su programación dominical con el bendito programa, por aquel entonces ya denominado Siskel and Ebert and The movies (una sutil diferencia).

El programa no era otra cosa que la visualización de brevísimas escenas de las películas de la semana y la consiguiente opinión de los dos críticos cinematográficos más connotados de la ciudad de Chicago. Pero había un elemento añadido, lo que, según afirman algunos, fue el verdadero motivo del éxito del programa: los casi inevitables enfrentamientos entre Ebert y Siskel, dos reseñistas que compartían una inusual habilidad para transmitir sus amplios conocimientos de una manera didáctica y amena, pero que no tenían ningún reparo en afirmar a veces todo lo contrario de lo que manifestara el otro.

Estas saludables diferencias hicieron que el dúo ganara tanta fama a nivel del público consumidor de los peores blockbusters como respeto por parte de sus pares de los medios escritos y audiovisuales. Y su manera tan particular de calificar los films con los pulgares hacia arriba o hacia abajo según fuera el caso quedó como símbolo de éxito para unos (a veces los menos pensados) y fracaso para otros (la gran mayoría de productores y directores). Así, hoy en día no es difícil toparse con fragmentos de comentarios de cualquiera de ellos sirviendo de gancho comercial en las cubiertas de videos o DVDs.

Luego de treinta años ininterrumpidos, y a pesar de la muerte de Siskel en 1999, el programa sigue en el aire. Ahora Ebert comparte la animación con un entendido mucho más joven, Richard Roeper, y se mantiene como el crítico de cine más tomado en cuenta por las millones de personas que finalmente deciden el destino comercial de un film... y por los mismos que lo producen y dirigen.

Y es que Roger Ebert no es cualquier comentarista cinematográfico. Es, además de uno de los seres humanos más enterados de todo lo que tenga que ver con el séptimo arte, un excelente escritor. Basta con señalar que es hasta el momento el único crítico de cine que ha obtenido el ansiado premio Pulitzer.

Y si bien he iniciado este humilde acercamiento a su trayectoria destacando su faceta televisiva, debo dejar en claro que Ebert ya no es para mí únicamente el pintoresco gordito que se enfrentaba cada domingo a Gene Siskel, o el personaje que es caricaturizado ya no sólo en MAD, sino también en las mismas películas que critica (más de una vez se le ha dado su apellido a un villano o a un personaje que muere de manera violenta, o se le ha aludido peyorativamente). Ahora considero a Roger Ebert parte de lo mejor que ha podido brindar el vecino país del norte a la cultura cinematográfica, a la cultura popular.

Pero no me hagan caso. Tal vez esté exagerando o me encuentre algo obnubilado por saber que el crítico, en este preciso momento, se encuentra en medio de un severo tratamiento para deshacerse de lo mismo que mató a Siskel: el cáncer. Tal vez esté siendo demasiado fiel a mí mismo dejándome llevar (una vez más) por mis pasiones. Por eso, repito, no me hagan caso. Sólo lean la reseña que he traducido y colocado en el siguiente post y díganme si tengo razón o no. Lo demás es lo de menos.

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