domingo, noviembre 05, 2006


¡GRANDE, CORTÁZAR!

Es cierto: trabajar en una librería tiene su gracia. Y si no que les pregunten a todos esos muchachos, casi adolescentes, que ingresaban tímidamente al local en que laboré hasta hace poco más de un año: todos envidiaban mi puesto, el verme sentado leyendo los cuentos completos de Capote o la última novela de Vargas Llosa; todos ansiaban poder tener a su alcance, todos los días, el olor a libro nuevo, a tinta fresca.

Algunos, como quien no quería la cosa, preguntaban si no necesitábamos reemplazar a alguien que saliera de vacaciones, si es que se inauguraría otra sucursal y cuándo; otros, los más osados, se acercaban al mostrador y dejaban sus hojas de vida sin más preámbulos: todos querían ser libreros.

Nunca tuve el tiempo ni la voluntad suficientes como para bajarlos de sus nubes. Los dejaba creer siquiera unos momentos más en la idea del vendedor de libros sumergido en interminables lecturas y ocasionales ventas. Porque, al menos por mi propia experiencia (y la que me narraban algunos colegas), la labor de librero podía ser tan enriquecedora como ingrata. Para mí fue todo eso y más.

Gracias a la librería, por ejemplo, pude redescubrir el genio de Julio Cortázar, un autor que hasta hace unos años consideraba grande, pero que hoy es para mí un tótem, un dios muy personal. La lectura de sus relatos completos, y sobre todo de sus cartas, terminó de abrirme los ojos (y oídos): Cortázar estaba (está) más allá de toda calificación.

Ahora recuerdo un volumen dedicado a la literatura latinoamericana escrito por Carlos Fuentes, uno de esos libros que yo devoraba con fruición en mis primeros años de universitario. Si no me equivoco, en el capítulo referido a la obra de Cortázar, Fuentes describe la peculiar fisonomía del argentino con las siguientes palabras: “alto, desgarbado y ojiazul”.

Pues bien, en esta oportunidad, mediante unas citas extraídas de diversos textos de y sobre él, quiero dejar constancia de mi admiración y respeto por un autor que no vivió de la Literatura (sucedió exactamente lo contrario: la Literatura lo vivió a él), alguien que para mí es siempre un mundo por descubrir, y terreno virgen y fértil para todo el que se atreva a mirar su obra como él miraba al mundo: con humildad, lucidez y pasión.


“...alguien como yo, que se considera un escritor aficionado, porque la escritura y la literatura son solamente uno de los momentos de su vida. Yo le dedico mucho más tiempo a la música que a la literatura, cosa que un escritor profesional no haría jamás (...) Para mí la literatura es un segmento de mi vida, no es en absoluto lo central. Y eso es lo que te debe desconcertar un poco en alguien que ha escrito catorce libros. Es porque la literatura es una vocación pero también una facilidad, porque yo no tengo por qué jactarme de escribir bien, puesto que es una cosa que me fue dada desde muy joven, una especie de eliminación de etapas, y de golpe, en el año cuarenta y siete y el año cuarenta y ocho yo estaba escribiendo de la misma manera que puedo escribir hoy”.

Nunca he pensado en nada, solamente de golpe me doy cuenta de lo que he pensado, pero eso no tiene gracia, ¿verdad?, ¿Qué gracia va a tener darse cuenta de que uno ha pensado algo? Para el caso es lo mismo que si pensaras tú o cualquier otro. No soy yo, yo. Simplemente saco provecho de lo que pienso, pero siempre después, y eso es lo que no aguanto”.

...lo que me gusta es escribir y cuando termino es como cuando uno se va dejando resbalar de lado después del goce, viene el sueño y al otro día ya hay otras cosas que te golpean en la ventana, escribir es eso, abrirles los postigos y que entren...”.

“Nada está perdido si se tiene el valor de proclamar que todo está perdido y hay que empezar de nuevo”.

“En literatura no hay temas buenos ni temas malos, hay tan sólo temas bien o mal tratados”.

“Ven a dormir conmigo: no haremos el amor, él nos hará”.

miércoles, noviembre 01, 2006


LA INCERTIDUMBRE DEL POETA

Ayer les dije que aprovecharía la publicación del mensaje que leerán a continuación para preparar otro post. Pero creo que en esta ocasión con la lectura de dicha misiva será suficiente. Sólo recuerden que se refiere al cuento Amor y que resume en gran medida mi poética personal. Todo suyo.


Hola, Eli:

Por supuesto que te entiendo. El texto está pensado para parecer algo confuso. Si te das cuenta, he separado los párrafos con dos espacios porque en cada uno de ellos suceden distintas cosas, y en diferentes tiempos... pero con algunos personajes comunes. Y sí hay un personaje que recorre todo el relato: el que narra.

No sé si me dejo entender. A ver... ¿has visto como en las películas a veces te muestran sólo "chispazos" o pequeñas escenas que en un primer momento no sabes por dónde agarrarlas? Es un recurso muy interesante porque crea interés y mantiene la tensión en el espectador.

Claro que depende del director que la cosa resulte como se desea (a veces resultan los peores bodrios), pero si uno sabe cómo proceder, las cosas se van aclarando conforme se desarrolla el film. Y esto es algo cada vez más común no sólo en el medio cinematográfico sino también en la Literatura.

En el caso de mi texto, tal como te dije en mi mensaje anterior, parece que suceden algunas cosas pero no se sabe ni cómo, ni cuándo ni dónde. Es como si acabaras de despertar de un largo sueño y de repente, poco a poco, te vinieran a la cabeza imágenes de un suceso del que (aparentemente) nunca fuiste parte. De hecho que te va a costar algo de esfuerzo "ir uniendo las piezas", ¿no crees?

Como te manifestaba ayer también, he tratado de reflejar en mi escrito esa atmósfera de incertidumbre y desorientación de la cual somos presa cuando entramos en esa fase tan compleja de nuestras vidas, la adolescencia. Es más, nunca queda claro qué es lo que hacen o están a punto de hacer los muchachos.

En ese sentido, el final es muy revelador. Me explico: hay libros, obras o películas que tienen un principio y un final; todo queda muy claro y la trama se desarrolla de la manera, digamos, "clásica". Pero existe otro tipo de expresiones artísticas: aquellas que exigen algo más al lector o espectador, un mínimo de esfuerzo de su parte para darle el sentido final a la obra.

Hace muchos años, andaba para todos lados con dos amigos de San Marcos; uno de ellos era músico y el otro fanático del buen cine. A veces nos poníamos a discutir sobre tal o cual libro, disco o film, para ver si más o menos teníamos los mismos gustos. Yo siempre decía que las películas que más me gustaban eran aquellas que me dejaban pensando. Las que no respondían a todas mis preguntas, sino que me sugerían otras y más bien me instaban a poner mi granito de arena y, mediante mi imaginación o entendimiento, tratar de explicar lo que el autor había querido decir.

Eso es lo que se llama una "obra abierta", Eli, la que no se agota cuando terminas de apreciarla, la que nunca deja de renovarse, la que puede significar algo para uno, pero una cosa muy diferente para otro. En mi humilde opinión, esas son las obras más interesantes: las que motivan la discusión y el debate, las que te hacen reflexionar y siempre van a tener algo interesante que ofrecerte, cada vez que te animes a revisarlas.

Pero, como tantas otras veces, ya me puse demasiado serio. Y no sé si todo esta larga perorata sirva para justificar las virtudes o defectos de mi texto. He tratado de hacer algo interesante y según mis propios términos... que me haya salido bien ya es otra cosa (¡JAJAJAJAJA!).

De todos modos te agradezco mucho el esfuerzo, Eli; y creo que no estaría de más que le dieras una nueva lectura, pero no en tu trabajo sino en un lugar que se preste para el descanso. Tal vez entiendas algo más de lo que quise decir... o te confundas más aún, todo es posible. En todo caso, ya tenemos otro tema de conversación para cuando nos encontremos... supongo que no te has olvidado de eso, ¿eh?

No te quito más tiempo (por ahora). Recibe muchos besos y abrazos del cargoso de tu primo.

Mariano