
PALABRAS E IMÁGENES
Aunque suene trillado, voy a empezar esta nota diciendo "¡Cómo pasa el tiempo!". Y vaya que es así: han transcurrido un año y cinco días desde que me animé a crear este blog solamente para transcribir en toda su extensión mi nota sobre Guillermo Cabrera Infante, mi primer artículo publicado y el que me abrió más de una puerta a nivel mediático.
Por mucho tiempo ese texto tuvo como único compañero al más ensordecedor silencio. Y, a pesar de que mi página se llamó Palabras e imágenes desde el primer momento, fueron sólo letras las que la adornaron durante varios meses, periodo a lo largo del cual fui enviando mis posteriores artículos a diversos medios hispanoamericanos y recibiendo a cambio sólo mensajes de aceptación (hasta ahora, quién sabe lo que pueda pasar más adelante).
Poco a poco, desde que dejé por fin la librería en la que aprendí tanto, y gracias a mi más que flexible horario de trabajo de redactor freelance, fui saliendo de un ostracismo que en realidad ya se había prolongado demasiado, un exilio interior que —quién lo diría hace sólo un par de años— ahora me está sirviendo de mucho (el hecho mismo de que ustedes puedan leer estas líneas lo demuestra). Gradualmente, pues, fui empezando a escribir sobre las cosas que tanto me gustan de esta vida, todo lo que de una manera u otra, para bien o para mal, ha terminado por dar forma al ser humano que escribe ahora estas líneas.
Así es. A lo largo de casi todo el año pasado pude por fin acometer una tarea que me había parecido siempre algo peliaguda: escribir para publicar; y, si es que han leído algunos de mis posts anteriores, ya deben tener una idea de lo que me ha costado —y me cuesta— exponer algún escrito mío al gran público, no tanto por pensar que no va a gustar, sino por querer siempre estar seguro de que cualquier cosa que produzca tiene un valor intrínseco o tendrá alguno cuando llegue por fin a sus potenciales lectores.
Tal vez les parezca algo tonto o ingenuo lo que acabo de señalar; es más, a veces me pregunto si los pocos gatos que revisan muy de vez en cuando mi página se dan cuenta de lo que significa cada palabra de cada uno de los veintiún posts que hasta ahora he publicado; si se nota en cada frase u oración (que incluyen, por supuesto, las citas de otros autores o la traducción de alguna reseña cinematográfica) el cariño y empeño que trato de imprimir a mi labor a la hora de enfrentarme a la página en blanco.
En cualquier caso, serán ustedes —amigos, compañeros de labores, conocidos, familiares y no tan improbables visitantes casuales— los que sabrán juzgar no sólo lo que he manifestado a lo largo de esta nota, sino también la escasa pero (para mí tan) significativa producción escrita aparecida hasta hoy en mi blog; una página que desde hace ya un buen tiempo hace honor a su nombre, un espacio en el que cada vez se hace más patente mi afán de dar cuenta de todo lo que pasa por mi cabeza, se muestra ante mis ojos o se escabulle entre mis castigados oídos.
Por eso, por su permanente apoyo y por mucho más, quiero agradecer ahora a todos. Esperen más textos este nuevo año, más frases propias y extrañas, pero sobre todo más imágenes, y no necesariamente las que me anime a copiar desde alguna que otra rebuscada fuente, sino también las que convoquen en sus fértiles imaginaciones todas y cada una de mis palabras.


2 comentarios:
Es curioso la nostalgia tan bien invade mi blog en estos días...
Eso estaba clarísimo! sólo tenías que atreverte a compartir tu obra.
El acceder a este medio interactivo te da la oportunidad de publicar constantemente, te inspira, te exige a ponerle algo más y a regalarnos algo de tu vida.
Parafraseando a Lorca, la mitad de la gloria que consigas será del blog, que "formó" y "modeló" esa criatura que eres, escribidor de nacimiento sin poderlo remediar.
Publicar un comentario