miércoles, noviembre 07, 2007


THE DARJEELING LIMITED

Recibida con tímidos abucheos y aplausos en su pase para la prensa de periódicos y con una ovación generalizada en la proyección para los medios semanales y mensuales, The Darjeeling Limited, el nuevo largometraje del genial Wes Anderson, marca un punto y seguido (no podía ser de otra manera) en la filmografía de este autor prodigiosamente dotado para la captura y reproducción de las formas de expresión de la cultura pop. Así, a pesar del aire nostálgico que planea sobre el film (plagado de canciones de The Kinks y música de Ravi Shankar para las películas de Satyajit Ray), esta historia de tres hermanos (Owen Wilson, Adrien Brody y Jason Schwartzman) que realizan un viaje de reconciliación y saneo espiritual por la India se ubica, como todo el trabajo de Anderson, en la más estricta contemporaneidad. Violentamente fragmentaria, adoptando un tono distanciado respecto a los personajes (acentuado por el extrañamiento respecto a la cultura india) y regodeándose en un apabullante barroquismo visual, The Darjeeling Limited es una nueva demostración de la capacidad de su director para sustraer las más complejas y conmovedoras emociones de unos personajes fabricados a golpe de trazo tipológico (vestuario, complementos, expresiones, comportamientos...).

Trabajando en torno a sus temas recurrentes (la fabricación o restitución de lazos familiares, la superación de los traumas y la búsqueda del amor), Anderson se erige como un maestro de la representación de la vulnerabilidad humana, además de constatar su capacidad para modular el tono de una secuencia, saltando de la tragedia a la comedia con la misma habilidad que Bong Joon-ho (el realizador de The Host). La mayor novedad que introduce The Darjeeling... en el universo andersoniano es su extremo minimalismo narrativo. Sobre una trama casi anecdótica, Anderson se explaya en torno a la fabricación de magníficos gags puramente visuales, apelando, en ocasiones, al primitivismo físico de Buster Keaton. Anderson es uno de los pocos autores que, hoy día, son capaces de engalanar el chiste más simple, el gag más puro, con las vestiduras más lujosas, caprichosas y excesivas.

Manuel Yáñez

Pueden revisar la nota completa aquí.


PARA MUESTRA, UN BOTÓN

Hay que tener más de treinta años para saber valorar lo fácil que es en estos tiempos obtener la información que uno busca. Hoy no hace falta más que pulsar un botón para encontrar, entre miles de cosas o temas que jamás llamarán nuestra atención, millones de datos acerca de lo que sí nos interesa. Hay de todo y para todos.

Menciono lo de la edad porque lo más probable es que los niños y adolescentes de ahora, o aquellos que acaban de atravesar la barrera de los veinte, no tengan ni idea de lo que significaba tener que revisar una fuente o cotejar información antes de que existiera lo que hoy llamamos Internet.

Aquellos que, en nuestras épocas de escolares o universitarios, tuvimos que visitar innumerables bibliotecas o hemerotecas, adentrarnos en desordenadísimas librerías de viejo o recorrer los puntos de la capital en que se conseguían libros o revistas de segunda mano, podemos dar fe de que los estudiantes, investigadores o simples curiosos de hoy en día sí que la tienen fácil.

Ahora mismo tengo frente a mí una buena prueba de ello: acabo de encontrar un texto referido al director de Los excéntricos Tenenbaum con sólo escribir “Wes Anderson Kinks” en el recuadro de búsqueda de Google (¡cuánto hubiéramos deseado mis compañeros de clase y yo tener a la mano una herramienta tan práctica hace veinte o veinticinco años!).

Se trata de un fragmento del recuento de la séptima jornada del Festival de Venecia de este año, preparado por Manuel Yáñez (autor también de una reseña de Vida acuática destacada en mi post anterior). Y si lo he rescatado ha sido porque, tomando como pretexto el estreno del último film de Anderson, Yáñez describe en pocas palabras la ya indiscutible relevancia de la obra del cineasta norteamericano.

Y lo mejor de todo es que sólo he tenido que presionar unas teclas para ahorrarme el trabajo de hacer algo que a veces me cuesta mucho: transmitir mi aprecio o entusiasmo por una obra o autor en palabras inteligibles o fáciles de digerir. Para eso están los especialistas, gente como Peter Travers, Roger Ebert o el mismo Yáñez. Yo me limito a dar cuenta de la existencia de creadores cuya difusión considero imprescindible.

Bueno, si han llegado hasta este párrafo es muy probable que lean los dos del siguiente post, el motivo de esta ya algo extensa perorata. Por favor, pongan atención a cada palabra de Yáñez, memoricen cada nombre o referencia, grábense todos y cada uno de los conceptos expuestos y, si es posible, averigüen todo lo que puedan por su cuenta. Después de todo, nada les cuesta.

lunes, noviembre 05, 2007


El MUNDO SEGÚN WES ANDERSON

Como me he propuesto hacer todo lo que esté a mi alcance para difundir la obra de Wes Anderson, coloco aquí una serie de vínculos que espero les sean de mucha utilidad. Primero está la página creada expresamente para dar a conocer todo lo que tenga que ver con su obra, The Rushmore Academy.

Luego pueden deleitarse con los tres breves artículos acerca de la música de Bottle Rocket (que contiene una inusitada muestra de música peruana), Rushmore y The Royal Tenenbaums; o enterarse de las circunstancias en que Anderson y Randall Poster, su supervisor musical, eligieron los temas que dan sentido a muchas escenas cruciales en la nota aparecida en Entertainment Weekly.

Si no dominan el idioma de Shakespeare, no se preocupen. Aquí pueden leer una escueta pero significativa entrevista aparecida en El Clarín, de Argentina. Igualmente, pueden acercarse a la obra de Anderson y las de algunos de sus contemporáneos accediendo a este link.

Asimismo, pueden conocer más de los parámetros en que se desarrolla la obra del autor de Vida acuática revisando el sabroso intento de ensayo de Manuel Yáñez aparecido en Miradas de Cine. Y aquí tienen la posibilidad de descargar algunas de las mejores canciones de sus estupendas bandas sonoras.

Casi lo olvidaba. Si les interesa, pueden enterarse de quiénes se han dado el trabajo de inscribirse en Wesmore – The Wes Anderson Fanlisting, donde hasta el momento sólo somos tres los fanáticos declarados pertenecientes al Perú (uno de ellos parece ser Claudio Cordero, el joven crítico de cine y editor de la revista godard!). Espero que mis últimos posts contribuyan a que esa lista se haga cada vez más extensa.

Por lo pronto, me retiro con la satisfacción del deber cumplido e instándolos a descubrir por fin la obra de Wes Anderson. Para ello será muy útil hacer lo que un crítico literario norteamericano dijo acerca de La broma infinita, la mejor novela de David Foster Wallace: "Think Beckett, think Pynchon, think Gaddis. Think." Parafraseándolo, yo les digo con respecto a Anderson: Piensen en Truffaut, piensen en Salinger, piensen en Irving. Piensen.


RUSHMORE

El título de Rushmore, la película de Wes Anderson, se refiere a la escuela preparatoria cubierta de hiedra a la que asiste el protagonista del film, Max Fischer (Jason Schwartzman). Max, de cejas pobladas e imponentes anteojos, ama a su escuela más allá de la razón y es el editor-emprendedor número uno del periódico de Rushmore, presidente del club de Francés, organizador de la sociedad caligráfica y orgulloso miembro del equipo de lucha libre. Es también, como el director de la escuela señala, “uno de nuestros peores estudiantes”. En su impaciencia por lograr el éxito, Max está fallando. Es el único defecto de su carácter, y el principio organizador de una comedia profundamente americana en la directa tradición de Huckleberry Finn.

Mark Twain usó su héroe adolescente para brindar el punto de vista de un outsider acerca de una sociedad americana que se estratificaba rápidamente, un sueño republicano desmoronándose en medio de divisiones de edad, ingresos y raza. Rushmore también trata de las divisiones de clase —Max, hijo de un peluquero local (Seymour Cassel), asiste al exclusivo colegio gracias a una beca—, pero Anderson y Owen Wilson, su coescritor, más optimistas que Twain, usan la comedia para imaginar la sanación de esas divisiones, la reconstrucción del tejido de relaciones de clase y de generación.

Max, un soñador americano que se rehúsa a permitir que la realidad limite sus aspiraciones, se enamora apasionadamente de Miss Cross (Olivia Williams), la solitaria y encantadora profesora de primer grado de Rushmore, y se hace amigo del emprendedor millonario local, Herman Blume (Bill Murray), un melancólico magnate del acero que ha vivido su sueño y lo ha encontrado vacío. A partir del improbable triángulo que se establece entre estos tres personajes Anderson desarrolla una interacción profundamente conmovedora, de esperanzas abandonadas y aspiraciones revitalizadas, de realidad y romanticismo.

Rushmore tiene algunos elementos firmemente autobiográficos: fue filmada en St. John’s, la preparatoria de Houston a la que Anderson asistió (más tarde fue a la Universidad de Texas, en Austin, con Wilson, su futuro colaborador). Como Max, Wilson fue expulsado de su escuela, y Anderson usó el auditorio para representar sus propias producciones: obras épicas con títulos como Los cinco Maseratis y La Batalla de El Álamo. En otro nivel, Max es, tal vez, representativo de todos los artistas que usan sus propias obras para organizar y controlar el mundo que los rodea. Una pieza teatral será su manera de reordenar su vida, reunir a Blume con Cross y reintegrar toda una variedad de amistades rotas y eventuales desavenencias a una comunidad balanceada.

Anderson usa composiciones panorámicas simétricas para dar al film sólo un ligero aire de estilización, y elegantes movimientos de cámara para enlazar personajes y circunstancias aparentemente disparatados. Hay algunos momentos de edición expresiva maravillosamente sutiles, como cuando Anderson usa la elipsis para sugerir que Margaret Yang (Sara Tanaka), la potencial y más apropiada en edad enamorada de Max, ha llegado en su avión modelo controlado a distancia y luego partido de la misma manera.

Como el gran Ernst Lubitsch (Ninotchka), Anderson ha aprendido a reunir la máxima cantidad de información en un mínimo tiempo de exposición en pantalla. Personajes completos se establecen a partir de un gesto, un acento, un detalle de vestuario; cuando la cámara, en la secuencia de desenlace, recorre una fila de espectadores en la representación de la nueva obra de Max, sentimos que los conocemos a todos, aunque algunos de ellos aparezcan por primera vez.

Pero la técnica apenas puede explicar el efecto de un film tan intrincado y vívido como este, con sus simultáneas sobriedad y excentricidad, su amor por los grandes ademanes y su respeto por las más pequeñas fluctuaciones de emoción, su latente tristeza y su inmensa, desbordante esperanza. De ese material está hecha la poesía, y en este, su segundo film, Wes Anderson se ha mostrado a sí mismo como un poeta de primer orden.

Dave Kehr

Traducción de Mariano Orosco Zumarán

domingo, noviembre 04, 2007


WES ANDERSON, EL POETA FILÓSOFO

Si no me equivoco, fue en 1999 que se estrenó en nuestro país Rushmore (1998), el segundo largometraje de Wes Anderson. No recuerdo si fue presentado con el mismo horrible título que adornaba la cubierta del video que hasta hace un tiempo se podía alquilar en el desaparecido Blockbuster local (Tres es multitud), pero, si he de creer a un amigo muy versado en el tema, su exhibición en nuestras paupérrimas salas se prolongó a lo mucho por una semana.

Por aquel entonces aún no había ingresado a trabajar en la librería que me acogió por siete largos años, por eso estoy seguro de que supe de la calidad de la película por alguna de las revistas de segunda mano que alcancé a comprar en Lino Cornejo, el jirón que estuvo a la altura de las expectativas de bibliómanos, pornófilos y fanáticos del cómic limeños por mucho tiempo (hasta que el alcalde de turno reubicó a los vendedores ambulantes en la avenida Argentina).

Estoy seguro también de que fue gracias a Bill Murray que Rushmore llegó a hacer acto de presencia en nuestra cartelera. Su interpretación del millonario hastiado de la vida que decide convertirse en la tercera arista de un singular triángulo amoroso le había merecido innumerables elogios por parte de la crítica, pero lo más probable es que la respectiva distribuidora se animara a estrenar Rushmore creyéndolo un vehículo de lucimiento más para Murray, una más de las tontas comedias con las que hasta entonces se identificaba al actor. Craso error.

Ya Bottle Rocket (1996), el debut como director de Anderson, había llamado la atención de críticos y cineastas en 1996 (y entre estos últimos nada menos que el legendario Martin Scorsese, quien no dudó en considerarlo uno de los diez mejores films de los años noventa). Y, si bien la película tuvo un mínimo impacto comercial, sirvió de plataforma de lanzamiento de la trayectoria cinematográfica de los hermanos Owen y Luke Wilson, y obtuvo cierto reconocimiento en los medios, como el premio a Mejor Director Novel que le otorgó la cadena MTV.

Bottle Rocket (o Ladrón que roba a ladrón, como se conoció en Latinoamérica), la historia de tres jóvenes decididos a hacerse un nombre en el mundo del crimen, fue la más que notable carta de presentación del ex estudiante de Filosofía natural de Texas, pero nadie estaba verdaderamente preparado para la tremenda demostración de talento evidente en Rushmore. El segundo trabajo de Anderson demostró que la comicidad bien podía entremezclarse con el drama, el dolor y la amargura, y que a veces la sonrisa más luminosa nace de la más profunda tristeza.

Los Excéntricos Tenenbaum (The Royal Tenenbaums, 2001) y Vida acuática (The Life Aquatic with Steve Zissou, 2004), no hicieron más que confirmar, si es que todavía quedaba alguna duda, que había nacido un verdadero artista en medio del desierto de ideas hollywoodense. Pero no podemos dejar de mencionar el enorme aporte de Owen Wilson, quien, además de revelarse como un excelente actor cómico, coescribió los guiones de los tres primeros films de su antiguo compañero de clases (se conocieron en las aulas de la Universidad de Texas).

Wes Anderson es hoy uno de los pocos autores que pueden jactarse de haber cimentado su trayectoria de cineasta independiente —en el sentido más amplio de la palabra— haciendo uso de todo lo que pueden ofrecer los grandes estudios cinematográficos. Es más, todas sus películas, a excepción de la primera, han tenido una amplia cobertura por parte de los medios, y hoy en día son pocas las estrellas que se dan el lujo de rechazar sus llamadas.

Ahí está para demostrarlo su última producción, The Darjeeling Limited, protagonizada por Adrien Brody, Owen Wilson y Jason Schwartzman. Cada exhibición de este film, que tuvo su estreno mundial en el marco del Festival de Venecia de este año, es antecedida por la presentación de Hotel Chevalier, un cortometraje que le sirve de prólogo. Sólo en este preámbulo es posible apreciar a Natalie Portman en todo su esplendor, ya que por primera vez aparece totalmente desnuda ante cámaras.

Mientras esperamos ansiosos el estreno en nuestras salas de la última obra de Anderson (increíblemente, todas, excepto la primera, han engalanado nuestra cartelera), en el siguiente post podrán revisar mi traducción del breve ensayo incluido en la edición en DVD definitiva de Rushmore, aparecida en el reconocido sello The Criterion Collection, que sólo publica títulos clásicos o films contemporáneos realmente imprescindibles. Al igual que con otras traducciones mías aparecidas en este blog, he hecho lo posible por reflejar el entusiasmo del autor (siempre pueden revisar el texto original aquí). Ya me dirán si tuve éxito o no.

Pero no se queden ahí. Busquen a como dé lugar todas las películas de Wes Anderson y véanlas una y otra vez. Este es un autor no tan fácil de digerir como otros —“o lo amas o lo odias”, dicen algunos—, pero si uno se esfuerza por entenderlo no dudará en colocar su obra al lado de las películas de François Truffaut, Louis Malle y Mike Nichols, y los libros de F. Scott Fitzgerald, J.D. Salinger y John Irving, todos ellos tácita o abiertamente reconocidos por Anderson como sus principales influencias.