
WES ANDERSON, EL POETA FILÓSOFO
Si no me equivoco, fue en 1999 que se estrenó en nuestro país Rushmore (1998), el segundo largometraje de Wes Anderson. No recuerdo si fue presentado con el mismo horrible título que adornaba la cubierta del video que hasta hace un tiempo se podía alquilar en el desaparecido Blockbuster local (Tres es multitud), pero, si he de creer a un amigo muy versado en el tema, su exhibición en nuestras paupérrimas salas se prolongó a lo mucho por una semana.
Por aquel entonces aún no había ingresado a trabajar en la librería que me acogió por siete largos años, por eso estoy seguro de que supe de la calidad de la película por alguna de las revistas de segunda mano que alcancé a comprar en Lino Cornejo, el jirón que estuvo a la altura de las expectativas de bibliómanos, pornófilos y fanáticos del cómic limeños por mucho tiempo (hasta que el alcalde de turno reubicó a los vendedores ambulantes en la avenida Argentina).
Estoy seguro también de que fue gracias a Bill Murray que Rushmore llegó a hacer acto de presencia en nuestra cartelera. Su interpretación del millonario hastiado de la vida que decide convertirse en la tercera arista de un singular triángulo amoroso le había merecido innumerables elogios por parte de la crítica, pero lo más probable es que la respectiva distribuidora se animara a estrenar Rushmore creyéndolo un vehículo de lucimiento más para Murray, una más de las tontas comedias con las que hasta entonces se identificaba al actor. Craso error.
Ya Bottle Rocket (1996), el debut como director de Anderson, había llamado la atención de críticos y cineastas en 1996 (y entre estos últimos nada menos que el legendario Martin Scorsese, quien no dudó en considerarlo uno de los diez mejores films de los años noventa). Y, si bien la película tuvo un mínimo impacto comercial, sirvió de plataforma de lanzamiento de la trayectoria cinematográfica de los hermanos Owen y Luke Wilson, y obtuvo cierto reconocimiento en los medios, como el premio a Mejor Director Novel que le otorgó la cadena MTV.
Bottle Rocket (o Ladrón que roba a ladrón, como se conoció en Latinoamérica), la historia de tres jóvenes decididos a hacerse un nombre en el mundo del crimen, fue la más que notable carta de presentación del ex estudiante de Filosofía natural de Texas, pero nadie estaba verdaderamente preparado para la tremenda demostración de talento evidente en Rushmore. El segundo trabajo de Anderson demostró que la comicidad bien podía entremezclarse con el drama, el dolor y la amargura, y que a veces la sonrisa más luminosa nace de la más profunda tristeza.
Los Excéntricos Tenenbaum (The Royal Tenenbaums, 2001) y Vida acuática (The Life Aquatic with Steve Zissou, 2004), no hicieron más que confirmar, si es que todavía quedaba alguna duda, que había nacido un verdadero artista en medio del desierto de ideas hollywoodense. Pero no podemos dejar de mencionar el enorme aporte de Owen Wilson, quien, además de revelarse como un excelente actor cómico, coescribió los guiones de los tres primeros films de su antiguo compañero de clases (se conocieron en las aulas de la Universidad de Texas).
Wes Anderson es hoy uno de los pocos autores que pueden jactarse de haber cimentado su trayectoria de cineasta independiente —en el sentido más amplio de la palabra— haciendo uso de todo lo que pueden ofrecer los grandes estudios cinematográficos. Es más, todas sus películas, a excepción de la primera, han tenido una amplia cobertura por parte de los medios, y hoy en día son pocas las estrellas que se dan el lujo de rechazar sus llamadas.
Ahí está para demostrarlo su última producción, The Darjeeling Limited, protagonizada por Adrien Brody, Owen Wilson y Jason Schwartzman. Cada exhibición de este film, que tuvo su estreno mundial en el marco del Festival de Venecia de este año, es antecedida por la presentación de Hotel Chevalier, un cortometraje que le sirve de prólogo. Sólo en este preámbulo es posible apreciar a Natalie Portman en todo su esplendor, ya que por primera vez aparece totalmente desnuda ante cámaras.
Mientras esperamos ansiosos el estreno en nuestras salas de la última obra de Anderson (increíblemente, todas, excepto la primera, han engalanado nuestra cartelera), en el siguiente post podrán revisar mi traducción del breve ensayo incluido en la edición en DVD definitiva de Rushmore, aparecida en el reconocido sello The Criterion Collection, que sólo publica títulos clásicos o films contemporáneos realmente imprescindibles. Al igual que con otras traducciones mías aparecidas en este blog, he hecho lo posible por reflejar el entusiasmo del autor (siempre pueden revisar el texto original aquí). Ya me dirán si tuve éxito o no.
Pero no se queden ahí. Busquen a como dé lugar todas las películas de Wes Anderson y véanlas una y otra vez. Este es un autor no tan fácil de digerir como otros —“o lo amas o lo odias”, dicen algunos—, pero si uno se esfuerza por entenderlo no dudará en colocar su obra al lado de las películas de François Truffaut, Louis Malle y Mike Nichols, y los libros de F. Scott Fitzgerald, J.D. Salinger y John Irving, todos ellos tácita o abiertamente reconocidos por Anderson como sus principales influencias.