sábado, marzo 20, 2010


MI FAMILIA CHILENA

"Desde la puerta de La Crónica, Santiago mira la avenida Tacna, sin amor: automóviles, edificios desiguales y descoloridos, esqueletos de avisos luminosos flotando en la neblina, el mediodía gris. ¿En qué momento se había jodido el Perú?".

Conversación en La Catedral, Mario Vargas LLosa.

Llegué a Santiago cargado de los más absurdos prejuicios. "Sólo voy por mis primos y para conocer a mis sobrinos", decía a cualquiera que me preguntara por el motivo de mi viaje a Chile en su momento más difícil, sólo una semana después del devastador terremoto que afectó buena parte de su territorio.

En realidad, el viaje había sido planeado con más de un mes de anticipación. Y tanto Vladimir como Rubén —dos primos con los que había pasado parte de mi infancia y adolescencia, sobre todo en el distrito de La Victoria— nos esperaban ansiosos y con los brazos más abiertos que nunca.

Y eso fue lo que más nos animó a Toño, mi hermano menor, y a mí durante el viaje: saber que volveríamos a estar con nuestros primos luego de largos años, y que por fin veríamos en carne y hueso a los lindos niños que hasta entonces sólo habíamos podido apreciar en las escasas fotos de Facebook o hi5.

Poco imaginábamos Toño y yo que nuestra estadía —durante la cual nos alojamos en casa de Vladimir, en el piso 13 de un edificio ubicado en la comuna de Providencia, muy cerca del centro de Santiago— terminaría convirtiéndose en una de las experiencias más gratificantes y transformadoras de nuestras vidas.

Al menos en mi caso, dicho cambio empezó el lunes por la mañana (habíamos arribado el domingo por la tarde), cuando recorrí con Toño el centro de Santiago. Para mí, acostumbrado a ver en Lima, cada vez con más frecuencia, lotes vacíos donde alguna vez hubo boyantes negocios, el periplo resultó revelador.

Mientras atravesaba una galería tras otra de los imponentes edificios santiaguinos —principalmente los más antiguos—, volví al centro de Lima por el que transité hasta mis primeros años de juventud: el punto de encuentro de ejecutivos de todo el país y sede de las oficinas principales de todos los bancos nacionales.

Fue, ciertamente, como un viaje en el tiempo. Tal vez con cierta dosis de ingenuidad de mi parte, esperaba ver repetido en Santiago el fenómeno que transformó al centro de Lima en lo que es hoy, un núcleo comercial trunco, con más pasado que futuro a cuestas y con el turismo como casi único caballito de batalla.

Lo interesante es que ese ambiente de bienestar y prosperidad que se respira en el centro, se refleja en prácticamente cada comuna de Santiago. Su sistema de transporte urbano, en el que el Metro y las líneas de buses se dan la mano para brindar un servicio tan práctico como moderno, es tal vez el símbolo más evidente de lo que señalo.

Como es natural, alguien que va a Santiago desde el Perú, sobre todo quien vivió toda su vida en Lima y vio en sus calles alguna vez una promesa de progreso, no puede evitar sentirse triste. Y las preguntas se agolpan en la mente, muchas de ellas sin respuesta lógica o razonable. ¿Por qué estamos como estamos? ¿En qué momento se jodió el Perú?

Felizmente, en Santiago no sólo me topé con preguntas sin respuesta. Allí también recibí de mis primos y sobrinos todo el cariño que uno pueda imaginar. Rubén y Vladimir, a pesar de tener ya 17 años viviendo en esa ciudad, se sienten tan peruanos como el pisco, y han sabido inculcar en sus hijos el cariño por los suyos, familiares o no.

Toño y yo nos sentimos como en casa cada uno de los diez días que pasamos en Chile, tanto por el espléndido trato recibido de parte de nuestro primos y sus familias como por el ambiente de cordialidad y educación que los santiaguinos han logrado establecer en cada barrio, cada calle y sector.

Y eso es precisamente lo que hasta hoy nos tiene reflexionando a mi hermano y a mí, cada vez menos escépticos: hay al menos una ciudad en el mundo en la que se puede vivir en orden y con tranquilidad. Y esa ciudad está a sólo unos kilómetros de otra que parece muchas veces el epítome del caos.

En fin. Jamás olvidaré las áreas verdes del entorno urbano de Santiago, pobladas por personas de toda edad casi a cualquier hora, gente que lee, descansa o se ama a vista y paciencia de los viandantes. Tampoco olvidaré nunca el ambiente del Metro en la hora punta, cuando propios y extraños pueden comprobar que vale la pena trabajar duro, que el esfuerzo de cada uno se verá plenamente reflejado en servicios que beneficiarán a todos.

Pero si alguna vez vuelvo a pisar las calles de Santiago de Chile será porque sé que encontraré en ellas a mis queridos primos y a sus descendientes, cada uno más cariñoso que el otro. Ellos fueron el motivo principal de mi viaje a Santiago, y seguirán siéndolo en el futuro, un futuro de orden y progreso en Chile, o de caos y desidia en Perú.

Han sido diez días de sentimientos encontrados para todos nosotros, pero desde hace dos semanas, Vladimir, Rubén, Toño y yo nos sentimos más hermanos que nunca. Y yo me siento contento por haber cambiado por fin mi equivocado punto de vista sobre los chilenos.

No son lo más pacato y aburrido de Latinoamérica. No odian a los peruanos (por el contrario, muchos de ellos nos admiran y no tienen ningún reparo en manifestarlo). No son para nada lo que los medios muchas veces nos hacen creer. Un país que ha tratado tan bien a mis primos a lo largo de casi dos décadas no merece ser visto con malos ojos.

Por eso ahora puedo escribir, sin que me tiemble la mano, liberado de todo prejuicio y parafraseando a Vargas Llosa, "Desde la puerta de su casa, Mariano mira hacia la ciudad de Santiago, con amor".

11 comentarios:

rgurmendi dijo...

Hola Mariano, desde hace mucho que no clavo un comentario en tu BLOG, y que mejor manera de hacerlo de una forma distinta y opuesta a lo sucedido en Chile. Cuando lei el link pense que eran imagenes del devastador terremoto ocurrido hace semanas, pero fuiste en contra y mostraste desde tu punto vista los prejuicios que claro muchos de los peruanos y tambien chilenos por culpa, no se hasta que punto, de los medios podemos ser capaces de mentirnos a nosotros mismos. Por que bien dices mientras vemos a una ciudad moderna en continuo avance aqui lo unico que hacemos es fijarnos quien esta nuestro costado, que hace, si hace algo lo criticamos, no avanzamos, somos parte de la corrupcion y hasta la alimentamos, nos quejamos, pedimos cuando nunca dimos nada de nosotros mismos, bloqueamos carreteras cuando debemos pactar, es decir, si pues no solo Chile nos demuestra el profundo y encarnizado caos en el que vivimos, todo bonito, la economia muy bien pero nosotros, nosotros no somos capaces de empezar por cambiar como persona...Tengo familia afincada ya desde hace muchos años y siempre me hablaron del orden civico que hay, de gente que se dedico a leer libros y no periodicos como aqui, aqui los libros fueron remplazados por los periodicos como fuente de cultura. Pero soy optimista en mi pais, algun dia no muy cercano alcanzaremos el punto de equilibrio para la buena convivencia.

Mariano Orosco Zumarán dijo...

Hola, Roberto.

Sí, desgraciadamente, las cosas no son siempre como uno quisiera. Mi viaje a Santiago (y a Valparaíso) me ha abierto los ojos acerca de Chile.

Ahora sé que tenemos en común el hecho de contar con familiares en Chile. Y al igual que tus parientes, puedo dar fe del orden y civismo que se respira en sus calles.

Esperemos que al menos nuestro hijos (o tal vez nuestros nietos) vean en nuestro país el progreso que nosotros hasta ahora sólo hemos visto en tierras extrañas.

Saludos.

Mariano

julitowquilca56 dijo...

Que tal Mariano, me da mucho gusto el comentario y tu punto de vista del país vecino, que buenas fotos que tomaste, me alegra también que visitaras a los primos y saber que están bien, que buena iniciativa la tuya y de Toño.

Un abraso fuerte a ti y a toda la familia, muchos saludos de Julito, Susana y Blanca.

Tu primo Papy

Mariano Orosco Zumarán dijo...

¡Hola, Papy!

Es un verdadero gusto tenerte como comentarista en mi blog.

No sabes lo bien que nos ha sentado a Toño y a mí el viaje a Santiago. Nuestra primera salida del país ha sido una experiencia realmente gratificante.

Y al menos yo ya he empezado a ahorrar para volver a Chile, esta vez con mi mamá, y quizás también con Nena y mi sobrina Ariadna.

Saludos.

Mariano

superpoeta dijo...

¿Ya vieron esto?
http://elaviador00.blogspot.com/

Anónimo dijo...

Sr. Orozco, soy chileno y es un verdadero gusto el haber leido su post, el cual ciertamente evidencia ciertas cosas que desde aqui damos por hecho, una de ellas es que nosotros no les odiamos, simplemente porque no se nos enseña a odiarles, en cambio leo algunos mediosde su pais que solamente se dedican a atizar el fuego y remover la herida dejada por una lejana guerra una y otra vez sin dejar que cicatrice.

Chile y Peru podrían ser socios en el despegue desde la miseria que se enseñorea en nuestro continente. Sin embargo vemos que la elite de vuestra sociedad, desde Torre Tagle, se empecina en practicar juegos versallescos en contra de nuestro pais, creyendo que con ello ganan muchos aplausos, sin embargo son solo zonserías que perpetuan la incomunicación entre nuestros pueblos, puesto que alimentan a los afortunadamente escasos partidarios de la confrontacion que existen en nuestro pais.

Le felicito entonces por su ecuanimidad y le agradezco la vision que ha dado de nuestro pais.
Tenga Ud. un buen dia.

Luis D. Reyes
Temuco, Chile

Patricia Pérez dijo...

Hola Mariano, finalmente todos los que no queramos admitirlo, somos "chilenos de corazón". Me agrada leer de tu reencuentro con Chile. Yo soy medio de Valpo/Viña y otro poco de Santiago. Sin querer queriendo, sigo queriendo a chilito.
Lindas tus fotos, me gusta como escribes y me alegro de leer tus emociones respecto a la patria.
Cariños desde Valpo.

Mariano Orosco Zumarán dijo...

Sr. Reyes:

Tiene usted toda la razón. En mi país hay ciertos grupos políticos y/o económicos a los que —sobre todo en época de elecciones— les es muy útil la idea de un enemigo cercano, según ellos, dispuesto a arrasar con lo poco que hemos logrado desde que nos independizamos.

Me complace mucho que le haya gustado mi texto. Ojalá también haya podido ver (aquí o en mi página de Facebook) las fotos que logré captar en su país.

Reciba un abrazo fraterno desde Lima

Mariano

Rosa Lozano dijo...

Hola Mariano:

Tus fotos de Chile me encantaron y como siempre todo lo que escribes...

Un abrazo desde Barcelona.

M✿r†ⓐ dijo...

hola, soy chilena y me dio mucho gusto encontrar a un peruano que habla bien de Chile y de su gente, ya que fue muy triste ver por ejemplo en youtube en los videos del terremoto como habia peruanos diciendo que se alegraban de que nos pasara eso con burla y desprecio de tanta gente que sufrio, tambien hubieron quienes daban furzas y decian cosas hermosas. Pero festejar fue un golpe duro para mi, se que son unos pocos al igual que los tontos que podemos encontrar por aca, pero aun asi regocijarte con el dolor ajeno me afecto.
Por eso leer tus palabras es muy lindo, como alguien que tenia un punto de vista distinto puede cambiar, son prejuicios que solo hacen mal a ambas partes.

Un beso, de Chile

Iraí dijo...

Hola, soy de México, y tenemos muy buenos amigos chilenos. Creo que Chile es un país bellísimo, de gente inteligente y cordial y de Perú, vaya que decir, son gente muy cálida y amable con una riqueza cultural enorme. Ojalá los paises de AL siempre se unieran demanera fraternal. Buen blog.